Los colores del Otoño en Montaña Palentina

LOS COLORES DE NUESTRA MONTAÑA

La paleta imposible que podemos imaginar en Montaña Palentina

A los montañeses nos gustan algunas cosas imposibles. Y más todavía las que no tienen precio. La paleta de colores de la que gozamos en el otoño es lo más cercano a la belleza que pueda existir. A lo mejor nos equivocamos. ¿quién sabe?.

Todos los habitantes del territorio -humanos o no- preparan el invierno que se acerca. La vida se prepara para el envite del frío. Recolectar, almacenar, preparar… ¿Quién puede perder el tiempo con un selfie?

Los frutos que la estación pone a disposición de sus habitantes son la muestra perfecta de esa relación esencial de todos nosotros con la naturaleza proveedora, protectora y maternal que siempre nos indica el camino a seguir.

Y esa relación, como todas las que merecen la pena, necesita de una estética que sea el marco perfecto donde pasan las cosas. Normalmente se usan decorados, trampantojos,  que aportan belleza a los buenos momentos. En Montaña Palentina estamos plantados dentro de una realidad que no precisa aderezo alguno, solo cuidado de no echarla a perder.

Puedes mirar a cualquier sitio. Desde lo más pequeño al paisaje casi inalcanzable, todo se tiñe de otoño y parece que entramos en un mundo deliberadamente creado para el disfrute de los sentidos.

Cuando la Montaña hace las cosas, las hace a conciencia. A nosostros nos cabe la responsabilidad de leer correctamente sus mensajes. Todo tiene sentido si nos detenemos a escuchar y a observar lo que pasa a nuestro alrededor.

Alguno de nuestros habitantes más longevos han vivido el paso de las estaciones y son testigos de sus paso y la mejor muestra de sus efectos. Cada cosa a su momento, nunca antes ni después. ¿Seremos capaces de cuidar de esto también?

La paleta se hace gigantesca cuando tomamos distancia. No hay remiendos, no hay inconsistencias. Hasta la presencia de nuestros pueblos se acomoda a las exigencias de la dirección artística. El Otoño manda.

En Montaña Palentina te estamos esperando para que puedas experimentar estas sensaciones. El otoño te va a sorprender como sigue haciendo con nosotros. No importa los  años que tengamos la suerte de haberlo disfrutado.

Porque si algo tiene esta estación… es que ya huele a invierno.

Y viene con una nueva paleta que no te querrás perder.

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¿Cómo saber qué camino tomar?

¿CÓMO SABER QUÉ CAMINO TOMAR?

En Montaña Palentina llevamos tiempo haciéndonos la misma pregunta

La incertidumbre es algo propio de la naturaleza humana. No sabemos qué ocurrirá. Por eso inventamos los caminos. En Montaña Palentina sabemos que no siempre son visibles. A veces son hilos extraños que te unen con lo importante sin apenas darte cuenta.

Nuestros pasos pueden ser delicados o rotundos, decididos o erráticos, meditados o impulsivos. Hay tantas formas de afrontar un camino como personas dispuestas a hacerlo.

Algunos caminos son una marca indeleble en el paisaje. Son fáciles y cómodos de recorrer. Hay señales que nos advierten, que nos indican y hacen que seguirlos sea sencillo. Caminos que sirven para llegar a un destino deseado que nos exigen solo guiarnos por el sentido común y la prudencia más elemental.

Otros son más tenues. Se pegan al paisaje pero son más frágiles y no siempre están abiertos. Requieren de nosotros que estemos atentos. A veces nos llevan a sitios inesperados, pero los seguimos confiados en quienes los abrieron para nosostros.

Algunos nos abren el horizonte. Son una promesa constante de cosas por descubrir. Las marcas desaparecen, las señales se esconden para quienes llevan prisa. A medida que el caminante toma decisiones se confunde cada vez más con el camino que pretende recorrer

No importa la naturaleza del camino. Encontraremos un refugio en los lugares más insospechados. Siempre hay momentos para el descanso, para el encuentro. En un mundo de prisas y urgencias a veces se pierde el sentido de la pausa como una forma de avanzar.

Si lo recorremos en solitario, puede convertirse en un viaje interior en el que experimentaremos una ancestral sensación de unión con la naturaleza que nos rodea. Si lo hacemos con otros, disfrutaremos del contacto humano en su versión más inusual en estos tiempos de querencias y compañías digitales.

Para llegar a lo más alto no es necesario tocar las nubes. La montaña nos proporciona momentos increibles para los que no es necesario realizar proeza alguna. El camino nos brinda toda clase de satisfacciones si sabemos apreciarlas.

Pero también es posible enfrentarse al camino duro, al que está por hacer, al que nos pone al límite de las fuerzas. Es una búsqueda de la belleza en una forma que no todo el mundo puede comprender. Lo fácil no siempre es lo mejor. En Montaña Palentina hemos aprendido esa verdad a lo largo de generaciones. Y lo ponemos en pràctica.

Hay caminos de todo tipo y tantas formas de recorrerlos como sitios a los que llegar. Incluso, donde aparentemente no existen, los montañeses sabemos que siempre pueden abrirse con voluntad y colaboración. Cuando la única certidumbre es que todo es incierto, en Montaña Palentina sabemos con certeza que queremos seguir abriendo caminos.

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Violeta

VIOLETA

Naturaleza, literatura, lobos y cortometrajes

Una visión global del mundo

La globalización es la nueva realidad. ¿Es posible tener una mente global desde la vivencia de un territorio y sus valores?

Lo es, en la medida en que se posee una mirada múltiple sobre las cosas. Arte, naturaleza y tecnología interactúan en un mundo que no es de ciencias ni de letras. 

El futuro vuelve a ser un lugar habitable.

Montañesa hasta la médula

Violeta es montañesa de pura cepa, de toda la vida. Nacida aquí. Ha vivido siempre en Rebanal.

Los padres de Violeta han apostado por vivir en un sitio pequeño en el que no hay casi gente. Es inquieta, activa y sociable. Le encanta escribir, hace kárate y escalada. Es la imagen viva de la fuerza de la juventud.

Disfrutar de los amigos

«En invierno muchas veces nos quedamos sin clase por la nieve, que no está tan mal -entre risas- . También vienen amigas. Nos quedamos a dormir en la casa del pueblo, hacemos fiesta de pijamas. Nos lo pasamos bien. Nos juntamos mucho entre los chicos y chicas de los pueblos de alrededor. Vamos con las bicicletas de uno a otro, o nos llevan en coche…»

La vocación

«Al colegio he ido a Cervera. El bachillerato en Aguilar. Allí todos los días veo a alguien que no conozco. No he escogido Biología, soy de humanidades. Aunque mi madre es bióloga, lo mío son las letras…»

«Quiero estudiar Filología Hispánica. Lo que me encanta es la escritura. Muchas veces me voy al monte a escribir. Aunque la mayor parte del tiempo lo hago en clase… puedo escuchar, por ejemplo al profesor de Historia, imagino algo y escribo mientras le escucho…»

«Una amiga mía y yo, el año pasado, quedamos terceras en un concurso de cortometrajes a nivel nacional. Utilizamos la técnica de stop motion. Formó parte de una campaña contra el consumo de tabaco. Este mismo año conseguí un accesit en un concurso también a nivel nacional… era un relato sobre el juego que hay entre lo que de verdad pasa y lo que uno se imagina, como si fuese un cuento….»

El gusto por la montaña

«A mi me gusta vivir en el pueblo. Las ciudades me gustan para unos pocos días. Hay mucha gente y es alucinante pero me gustan más los pueblos. En verano voy a Dublín aunque no es una ciudad tan grande. Los fines de semana me voy con mi amiga de Lores a dar vueltas por el monte. Nos encantan los bosques, los árboles. Solemos hacer fotos. Nos encanta…»

Lo alucinante de vivir en un entorno salvaje

«También vemos animales…, ciervos…»

«Alguna vez hemos visto un oso, incluso un lobo. Según vi al oso corriendo en los prados pensé –¡qué perro más raro!, después nos dimos cuenta de que era un oso. Al lobo lo vimos en la cola del pantano, antes de Venta Morena, en el río, junto a los sauces.»

«Ver un oso o un lobo es alucinante. Te impacta. Aunque es un momentín, es absolutamente alucinante.»

Echar de menos la montaña

«Cuando estoy en una ciudad, por ejemplo en Dublín, echo de menos el poder salir de casa a dar un paseo a mi aire sin estar en mitad de la ciudad y a mis amigos. Y eso que allí los colegios tienen los patios de hierba y hay parques y árboles por todos los lados.

Cuando digo -¡vamos al prao!- mis amigos urbanos se ríen porque no saben qué quiere decir.»

El lujo de lo excepcional

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«A día de hoy me encantaría vivir en un pueblo. Me gustan las montañas. Lo que más me gusta de aquí es la fauna. Hay oso y lobo. En otras montañas no hay algo así. Uno de mis favoritos es el halcón peregrino. Me encantan los animales. Todas las mañanas, cuando salimos con el coche, vemos una manada de ciervos de hasta 20 ejemplares. ¡Pero todas las mañanas!. Eso no lo encuentras en otras montañas y menos en la ciudad.»

 

Vivir en Montaña Palentina

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Simón

SIMÓN

La excelencia se consigue respetándose a si mismo

Por la tradición al futuro

La búsqueda de la excelencia es una condición mínima para cierto tipo de personas preocupadas por la autenticidad y calidad de las cosas que afectan a nuestro bienestar. Esta exigencia lleva a un compromiso personal no libre de complicaciones, pero lleno de pequeños triunfos que dan sentido al duro trabajo de cada día.

La vida del ganadero

«Hemos sido una cooperativa treinta y tantos años. Fuimos uno de los promotores de Carne de Cervera. Fue la primera marca de calidad de Castilla y León con más de treinta socios.

La explotación era de mis padres. Cuando estaba estudiando fuera, en Saldaña, interno, sólo pensaba en volver al pueblo. Me he arrepentido un poco de no estudiar más pero lo que a mi me gusta es el pueblo y las vacas. Y aquí hemos sido muy felices. Hemos trabajado desde aquí también en el monte, haciendo podas y demás…

Hay que estar en los tiempos. Aquí hemos vivido muy a gusto. Al trabajar los hermanos somos capaces de organizar el tiempo y tomarnos tiempo libre, fines de semana. Cuando trabajamos juntos se está muy bien, se trabaja mejor.»

La vida en el pueblo

«Somos como mucho catorce vecinos en invierno en Resoba. En verano podemos llegar a ser 400 personas. Es un pueblo que está muy unido. La gente viene todos los fines de semana de Madrid y de Bilbao y de muchos otros sitios. Como puedan se escapan. No sé los años que llevo de alcalde… ya estuvo mi padre. El que se pone de alcalde le apoya todo el pueblo. Estamos muy unidos y lo llevamos a orgullo. Hay que saber llevar las cosas y convivir…

La cantina la hemos mantenido las familias que estábamos aquí. Cada mes la abría una familia. Y gracias a eso se mantiene ahí. Y eso es importante para el pueblo.»

Proyectos de vida en la montaña

«A mi me gustaba esto y aposté por esto. Ha sido todo ilusión. Hemos sido un grupo de gente joven muy interesante. No echo de menos la ciudad para nada.

Marta (mi mujer) vino un puente buscando los orígenes –su abuelo era de Argentina-. Ella viene de San Sebastián. Ha estado por Europa y todo el mundo llevando proyectos de una asociación de empresas. Fue una pelea entonces y somos felices. Ella empezó a trabajar en Aguilar. Es profesora de Inglés en el colegio de San Gregorio.»

Trabajar y vivir en plena naturaleza

 

«Esto es lo más sano que existe: el trabajar con el ganado en un sitio como este. Las vacas van al valle de Pineda. Ahora cuando empieza a brotar las encanta ir a Pineda. Se saben el camino, no tenemos ni que llevarlas casi.

Me encanta la montaña, los paseos por el bosque. Esto tiene algo. Subir a Pineda, respirar allí una mañana de estas es una pasada. No te cansas nunca de esto. La variedad, el agua, los ríos y los arroyos… Hay una variedad increíble en Montaña Palentina.  Si puedes venir en primavera hay que venir a Pineda. La variedad de plantas que hay por aquí es única en el mundo.»

El valor de la familia

La madre de Simón, que lleva viuda 19 años, a los cinco hijos les ha sacado adelante y unidos para seguir viviendo en el territorio. Todos los días comen con ella en casa en Resoba. Ella ha vivido siempre aquí.

«… Aquí se sembraba lino, trigo, centeno, patatas. Luego se dejó de sembrar» . No ha echado nada de menos. Ha estado en muchos sitios pero ha vivido aquí siempre.

Le ha tocado ir de becería (sistema de cuidado rotatorio por turnos, se aplica a algunos tipos de explotaciones comunales). «Los pueblos se organizaban para cuidar el ganado. Tantas vacas tenías, tantos días ibas a cuidar el ganado de todo el pueblo. Por turnos; uno de cada casa.»

Es mucho más que calidad de vida…

«La gente viene ahora a añorar lo que no ha vivido, si es que se tuvieron que ir en su día del pueblo. Les encanta venir. La convivencia es muy buena y eso también hace. Hay que convivir y eso es importante. Tenemos dos casas rurales que son de la Junta Vecinal.

Hay gente muy mayor, de más de noventa años. Y aquí están felices y con una ilusión tremenda por estar en el pueblo. A esta gente se les ve que tiene una calidad de vida que les hace ser tan longevos.»

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Tino

TINO

La enciclopedia de la montaña

Donde alcanza la memoria

«Ahora vivo en Cordovilla de Aguilar. Soy nacido en Revilla de Santullán y he vivido desde el principio en Barruelo. Los recuerdos más tempranos son de allí. Teníamos el monte al lado de casa. Mi padre, cuando yo nací, tenía  un gato montés. Encontro al gatuco que había perdido a la madre y estaba desvalido y le crió en casa. ¡Vivía con nosotros un gato montés!. Fue de herencia el gusto por los animales. Toda la familia por parte de padre y madre han estado unidos a la naturaleza. Eran pastores, tenían ganado y estaban ligados al campo.

Una cosa que me dejó muy marcado fue –yo tenía 12 años- que vi en un invierno como un grupo de lobos comía un corzo. Salí de casa al monte. Había nevado muchísimo aquel invierno. Oí una escandalera y pensé ¿Qué será lo que pasa? Y vi un grupo de ocho individuos comiendo el corzo. Me dejó marcado por mucho tiempo. Esto pasa así. (eran las cosas que enseñaba Félix y yo las tenía al lado de casa prácticamente)»

Apuntando maneras

«Yo era el raro de la escuela. Hoy lo hubieran llaman acoso probablemente. En clase cuando la profesora -estuviese dando lo que diera- yo estaba mirando por la ventana mirando qué pájaros pasaban. Cuando los demás jugaban al futbol, yo estaba pendiente de los bichos. Yo era el raro del colegio. En mis ratos libres me iba al monte a dar una vuelta e iba descubriendo cosas –no tenía libros-.»

Aprendiendo del entorno

«Empecé atrabajar a los catorce años. Había que llevar recursos a casa. No me gustaba estudiar. Yo nunca pensé que se podían estudiar cosas relacionadas con la naturaleza. Pero tenía la vena del campo.

En el tema de naturaleza yo he ido aprendiendo de mi padre, de otra gente y de mi propia experiencia. Hubo influencias muy grandes: Félix Rodríguez de la Fuente -No tuvimos televisión en casa hasta que tuve 16 años-. Íbamos a casa de una vecina a ver la tele. Y cuando salía Félix después del parte a las 9 y media no decíamos ni palabra. Y yo veía que muchas de las cosas que enseñaba las había aquí. Eso lo he visto yo -pensaba-  aquí en la montaña palentina (la marta, la garduña, los osos, el águila real…)

Con esas inquietudes tu vas rellenando. Vas aprendiendo de otras personas que conoces y vas acudiendo a libros y demás.»

Un proyecto profesional

«El paso a lo profesional fue en el año 1996. Por temas de trabajo nos trasladamos de Noja a Reinosa y trabajaba en un hotel. Yo era el encargado de aquello. Recuerdo que vino un autobús de canarios que venían a ver el nacimiento del Ebro, el director no sabía qué hacer con ellos. Entonces me propuse como guía.

Me les llevé al monte, al campo, a transmitir lo que yo sabía. Allí vimos pájaros, árboles… Les conté historias del sitio en el que estábamos. Y se lo pasaron fenomenal… Les encantó de tal manera que todos los años venía el autobús de canarios a buscarme. Fueron mis pinitos para poderme dedicar de manera profesional al turismo relacionado con la naturaleza.»

Saliendo fuera de las fronteras

«Somos pioneros. Fuimos una de las primeras empresas de turismo de naturaleza de España. La primera de Castilla y León (como turismo de observación de naturaleza)

Hubo un antes y un después en los visitantes. Entre al año 2000 y 2007 hay una demanda creciente por parte del turista de naturaleza español (entre 20 y 40 años de edad). Va creciendo ese turismo. El 99% de clientes son españoles.

En 2007 radicalmente desaparece ese perfil. La crisis es donde golpea más en serio. Afortunadamente nosotros, desde el 2004, habíamos empezado a trabajar con algún grupo de extranjeros para diversificar. Y a partir del 2007 empezamos a trabajar con más: Ingleses, alemanes, suizos, belgas, etc… a través de turoperadores.»

Enamorado de Montaña Palentina

«Cuando yo hablo de Montaña Palentina me emociono. A veces pienso si será lo que yo creo, algo así como amor de madre. Cuando viene gente de otros países y te dice que esto que tenemos aquí es único en el mundo. Por supuesto en Europa lo mejor. Lo que más aprecian es lo salvaje que está todavía, que tengamos una biodiversidad tan grande no tocada por el progreso.

El hecho de que haya sido un sitio despoblado, marginal, ha favorecido un caso de conservación único. A la vez los habitantes que han vivido durante siglos en el territorio lo han hecho muy bien. No sobra nada ni falta nada. Hoy en día la conciencia de conservación es tan grande que podemos esperar que las cosas no cambien.»

Las cosas que no vemos los que estamos aquí

«Una cosa que admiran es la calidad de vida que tenemos en un lugar tan privilegiado como en el que vivimos. Incluso aunque no salgan al monte en Aguilar en donde trabajan. Es cómo manejamos el tiempo, la falta de tráfico, la facilidad para estar. Eso es calidad de vida. Y es una de las cosas que más admiran también de Montaña Palentina.

Aquí ha venido, por ejemplo, el nieto de Shakelton. Fue muy curioso. El primer día la gente es muy reservada. Todo es como muy académico. La forma de ser de los españoles es más abierta. Directamente preguntamos todo. Al final se relajan y cuentan. Este hombre es fotógrafo. Viaja por el mundo. Me contó la historia de su abuelo.

También vino un exministro de agricultura de Margaret Thatcher. Este hombre era experto en patatas. ¡Estaba enamorado de las patatas!. Una de las rutas que hacíamos era por la Valdivia. Cuando llegábamos a un patatal, allí se metía y sólo decía -“good, good, good”. Han venido personas expertas en aves marinas y en otras materias muy específicas. Mucha gente interesante de la que aprendes mucho.»

Un futuro prometedor

«A veces nos empeñamos en frenar la despoblación, pero para eso hay que tener recursos. Es el final de un proceso. Las empresas que se han instalado, por ejemplo en Aguilar en relación con lo agroalimentario, son garantía de conservación. Nadie va a poner una industria galletera al lado de una industria química o una nuclear. Son empresas que valoran que el entorno no esté degradado y no haya contaminación.

Además Montaña Palentina es uno de los sitios mejor comunicados que puedas encontrar. Tenemos futuro»

 

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Pedro

PEDRO

La energía misteriosa de la Tierra

El misterio de la naturaleza

La montaña encierra energías telúricas que son un misterio para la mayoría de los mortales. Algunos, y sólo algunos, bendecidos con el don de la interpretación de signos invisibles, son capaces de interpretar esas energías para beneficio de la comunidad. Son tan misteriosos como el don que portan y las fuerzas que lo alimentan.

Fueron tiempos duros

Pedro vive en Cardaño aunque nació en Valsurbio…

«Aquí ha sido muy dura la vida agrícola. Para la ganadería hay muy buenos pastos pero ha sido una vida dura. Se sembraba trigo poco, centeno, avena, siruendo (variedad de centeno con grano más pequeño en tierras muy altas para los animales). Sobre el año 58 cayó una nevada en octubre que nos dejó dos meses sin salir del pueblo. Nos cogió sin harina para el pan. Hay que vivirlo.

Era subsistencia total, sin carretera, sin luz, agua, médico… Si, tuvimos maestro, pero cuando quedaron cuatro familias la administración lo suprimió. Eso fue lo que obligó a marchar. Hasta el último momento hubo cura. Se fue porque nos fuimos nosotros en el año 72. Cuando se fue el último vecino entraron las palas e hicieron pista lo que hasta entonces era un camino de carros.»

El amor a la montaña

«La gente que viene, que ha nacido en la montaña o viene a arreglar una casa, tiene mucho amor a la montaña.
Siguen viniendo y amando el pueblo  y se han gastado dinerales en restaurar viviendas.

Estuve emigrado en Bilbao, Cataluña, Santander… (5 años). He estado casi cuarenta años trabajando en Velilla. Fuera echabas de menos la montaña, la naturaleza… hubo que marchar buscando el trabajo para poderte mantener. Todo lo demás lo echaba de menos.

Amo la montaña. He nacido en ella. Nací en el pueblo más alto de toda la provincia. Viví quince años allí. Y lo sigo amando y no lo perderé jamás. A mi me quitan la montaña y me muero.»

Posibilidades de futuro

«Hoy en día podría vivir aquí más gente. Principalmente de la ganadería. Recursos tenemos para salir adelante. Turismo y ganadería son cosas que se pueden explotar perfectamente. A mi las tradiciones de naturaleza, el turismo de montaña, de senderismo me encantan de siempre. Entré en el Centro de Iniciativas Turísticas en 1972. Tenía yo 22 años.

Para mi vivir en Montaña Palentina es lo mejor que puede haber. Tenemos que tener iniciativas a parte de que la administración ayude. Aquí no va a venir industria a instalarse, lo cual es bueno para el turismo. Hay base, recursos para poder sacar adelante un turismo con futuro. Tenemos que aprender mucho…»

El don de estar conectado a la Tierra

«A cada persona Dios le da unas capacidades. La capacidad que yo tengo no es muy abundante. Hay gente que lo toma así un poco a broma. Pero hasta ahora a quien me ha llamado para buscar agua u otras cosas siempre le he acertado.

Yo soy sensible a muchas cosas. He nacido con ello. Paso andando tranquilamente y siento que hay agua. No me hacen falta ni varillas ni demás. Es la sensibilidad que tengas. Por ejemplo he tenido que dejar de usar Internet porque me afectan las ondas del ordenador. El móvil me afecta a la salud, me quita la vitalidad. Eso es porque soy demasiado sensible. A veces son como reflejos, veo un árbol y digo aquí hay algo.. voy con las varillas y no falla.»

El sentido natural de lo ancestral

«En las Iglesias hay una carga de energía tremenda. Cada una es diferente a otra pero el punto donde más energía positiva hay es en el altar. En todas ellas pasa una corriente de agua, una corriente telúrica. Tienen algo especial. Donde se celebran ritos religiosos positivos queda impregnado el lugar de una energía positiva enorme. El latín es la lengua de los ritos y el canto gregoriano… Donde se dice una misa en latín y con gregoriano se acumula una cantidad de energía positiva enorme…»

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Tubero

TUBERO

La tradición de hacer bien las cosas

El sabor del trabajo hecho a conciencia

Tiempos de comida rápida, de procesos acelerados y de disfrute a base de adrenalina.

Hay gentes que reclaman la calma, el tiempo necesario para que las cosas lleguen a ser lo que deben de ser. Que nos proporcionan sabores olvidados, el placer de visitar el tiempo de nuestros abuelos por medio del sabor. Cualquier tiempo pasado fue mejor si todavía no ha ocurrido.

Una historia de adaptación

«Esto se inició cuando falló la mina. No es que quisiéramos dejar la mina, es que nos obligaron. Cuando cerró no queríamos dejar el pueblo, surgió esto y aquí estamos. No queríamos irnos. Al principio yo marché a otra comunidad. Monté una tienda de alimentación. Pero el pueblo tira y nos vinimos para acá. Yo aguanté un año pero me tuve que volver. El pueblo es el pueblo. Yo volví con 27 años. En la mina habíamos comenzado muy jóvenes»

La evolución del negocio

«La dedicación a los embutidos viene de familia. La abuela ya elaboraba de manera artesanal este tipo de productos. Empezamos haciendo cuatro morcillas y cuatro chorizos al estilo suyo. Ella las hacía para casa y nosotros empezamos a crecer después. Pero fue ella la que nos pasó la forma de hacerlo. Luego hubo que adaptarse para poder elaborar más cantidad, aunque seguimos fieles a su forma de hacer las cosas»

La naturaleza manda

«Antes el cerdo lo metías en casa y se curaba. Ahora si no es con los medios adecuados se pierde. Ahora hay como muchos cambios bruscos de temperatura. Yo no sé el problema que tiene el clima. Cuando empezamos, curábamos el cerdo casi sin nada. Teníamos una estufa de leña en el medio y se curaba perfectamente. Ahora es imposible sin un secadero.»

Un recuerdo de los inicios

«Eran otros tiempos. Es un negocio esencialmente familiar. Éramos cuatro al principio: Mi cuñado, su mujer, y nosotros dos (con mi mujer también). Luego, por cuestiones familiares se marcharon y quedamos nosotros tirando del carro.»

La calidad es lo que importa

«Estamos en las denominaciones de alimentos artesanales (Tierra de Sabor, Alimentos de Palencia) Es una garantía de la calidad de los productos que elaboramos. En el año 2013 gané el premio Artesanos de oro de Castilla y León al mejor chorizo artesanal y el de plata al mejor lomo de olla en aceite de oliva. La calidad es lo más importante.»

Dejar el pueblo…

«¿Qué es lo que tira del pueblo? Yo soy de Osorno pero llevo aquí 33 años, más de la mitad de lo que tengo. Estás hecho al pueblo. Todo lo tienes aquí, la familia, los amigos, todo… Los que se han ido a vivir a la capital , cuando llega el verano ¿qué hacen? Al pueblo. Por algo será.»

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Los Pipos

LOS PIPOS

Pasión y esfuerzo sobre la roca

Dos generaciones de montañeses

Dos generaciones unidas por el amor a la montaña: Son los Pipos, padre e hijo -escaladores y muchas cosas más-.

La pasión y el esfuerzo cristalizan en gestas deportivas que tienen como escenario lo más agreste de la montaña. Son gente de una pasta especial. El tópico del superhombre que hunde sus raíces entre las rocas de este territorio.

Volver a las raíces

«Llevamos en Montaña Palentina 36 años. Vivíamos en Palencia. Vinimos un poco a la aventura buscando un cambio. La ciudad tiene sus alicientes pero nos dimos cuenta de que no era lo nuestro y escapamos un poco. Con la facilidad de que esto era de mis abuelos y pasó a mi madre. Aquí teníamos nuestras raíces. Yo tengo recuerdos de infancia del pueblo. Fue una apuesta bonita y una aventura.

Pasé por varios trabajos pero al final trabajaba en una fábrica de plásticos, era impresor flexográfico. Y lo compaginaba con el roc&roll. Eran bandas míticas que han pasado a la historia. Entonces tenía yo 17 años.»

No perder el norte

«Yo vine aquí con nueve meses. Aquí es lo que he conocido toda la vida: el prao y el prao (tengo 36 años).»

«De pequeñín mi padre me llevaba al Curavacas atado con una cuerda a la cintura. Yo miraba para arriba y decía “hasta allí no voy, me quedo aquí”. Me sentaba, mi padre seguía y le decía “espera, espera”, para no quedarme solo allí. Subí por primera vez a Peña Redonda con 6 años y al Curavacas con 8 o así.

La escalada en roca la practico también desde pequeño con mi padre. También hago un poco de snowboard y alpinismo. Pero lo que hago ahora más es escalada deportiva.»

Las bondades de Montaña Palentina

«No hace falta comparar pero estas montañas no tienen nada que envidiar a nada. Cada sitio tiene su encanto. Nuestra montaña es grande, no es comparable porque es diferente a otras cosas. Hay tanto en el mundo que hay que respetarlo a todo. Pero esto no desmerece, al contrario. La gente que viene se asombra. Esto tiene encanto, variedad…

Y es una variedad sorprendente. Montañas tan cercanas y tan diferentes entre si (Curavacas y Espigüete). Hay que reconocer la grandeza de todo. Me gusta valorar cualquier paisaje… del desierto, del mar… de todo. Quizá la falta de avalancha turística hace posible que esto se mantenga en ese estado puro. El turismo masivo también sabemos lo que conlleva. A veces deteriora un poco… Montaña Palentina llevará otro proceso, otro camino. Tampoco debe de asustarnos que venga un poco más de gente. Es un poco de vida para la comarca, pero es bueno que se regule, ya que vemos lo que ha ocurrido en otros sitios. Si no se controla el turismo se machaca. Al final puede ser agobiante y pernicioso.

El mayor de los encantos es la paz absoluta que tenemos. Haces kilómetros y kilómetros y no te encuentras a nadie. Aquí lo lo tenemos todo.»

Una lavadora a pedales

«Hicimos la casa aquí. Esto era un prado de mis abuelos que le cedieron a mi madre. Llegamos en buen momento. Con el tiempo vas mejorando y haciendo cosas. Comenzamos con ganado. Buscábamos la vida autosuficiente. Teníamos cabras y vacas, teníamos leche, hacíamos queso. Estuvo bien un tiempo pero cuando nos dimos cuenta de que nos hacíamos esclavos de los animales decidimos cambiar de actividad. Me atrapó el tema de la cerámica (útiles, decoración). Salió el trabajo de la Junta y eso…

Cuando vinimos no había electricidad. Por eso hicimos una lavadora a pedales y nos dio mucho juego en esos momentos. Es cuando más he leído en mi vida. Como es un piñón fijo pues leías lo que fuera para hacer más llevadero el lavado. Duraba como media hora. La falta de recursos agudiza el ingenio. Esto sería una bomba en África por ejemplo.»

El mundo de la competición

«De una manera continuada me dedico a la escalada hace como ocho años. La primera vez que competí fue en el campeonato de España. Me enteré de una competición en Barcelona y para allá fui. Quedé tercero. A partir de ahí subiendo y bajando. He sido campeón de España dos años. Otra quedé segundo… Estuve una temporada viviendo en Asturias sin trabajar y sólo haciendo escalada. Allí se puede escalar todo el año, no como aquí que en invierno es imposible.

Ahora, como trabajo, entreno un poco menos pero lo intento para no perder la forma. Ahora soy subcampeón de la Copa del Mundo en una de las pruebas, en otras tengo otras posiciones. Hay países muy fuertes. En España no hay infraestructuras. Pero siempre que me voy a algún lado, enseguida tengo ganas de volver, siempre estoy pensando en lo que hay aquí. Esto engancha. En la ciudad enseguida estoy agobiado.»

Conocer la montaña al dedillo

«He subido al Curavacas más que mi padre. He ido apuntado las veces que subía al Curavacas. Cuando llegué al cien dejé de apuntar. Cien veces a la cumbre, más otras cientos de ellas que no llegué… por mal tiempo o lo que fuera. Por todos los lados lo hemos subido. Incluso hemos abierto una vía nueva por la placa amarilla. En la cara noreste hay una placa muy grande que amarillea por el tipo de liquen que tiene la roca. Llega a desplomar un poco y todo. El desplome es lo más complicado. Tiene 50 o 60 metros.»

Disfrutar de la tranquilidad

«Cuando salgo a competir fuera lo que más echo de menos es la tranquilidad. He ido a muchos sitios por el mundo pero todo está lleno de gente. Si la vía es buena hay cola. En las guías de escalada viene que una vía tiene cinco estrellas y todo el mundo va ahí, así que a hacer cola. Voy a Recuevas y estoy solo y es cinco estrellas. Me gusta escalar tranquilo. En las competiciones me pasa factura que estás rodeado de gente gritando y eso se nota mucho.»

Buscar el arte en la montaña

«Me gusta divertirme. Coger barros de una cueva y experimentar… Hay que buscar la plasticidad correcta. Es una alquimia. Es muy gratificante cuando coges un material de la montaña y ves que funciona. Nuestro ancestros lo hacían…»

Un mundo de infinitas posibilidades

Montaña Palentina acoge todas las inquietudes, todos los gustos y todas las aficiones de las personas que llegan. Los montañeses son tan diversos como la naturaleza en la que viven. ¿Será una casualidad?

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Alberto

ALBERTO

El luthier que vino de la ciudad

La música que nace del silencio de la montaña

Hace más de veinticinco años Alberto Redondo -para el que Valladolid ya era entonces una ciudad demasiado grande- llegó a Montaña Palentina casi por casualidad. Aquí consiguió convertir la inusual afición de juventud en su modo de vida no sin algún que otro cambio de rumbo. Hoy es un luthier reconocido y un montañés al que le gusta ir a la ciudad sólo de visita -«Me saturo enseguida y tengo que volver al pueblo…»

La Montaña: Un espacio de libertad

«En una ciudad te asomas a la ventana y ves el edificio y el vecino de enfrente y ves un entorno muy falso. Después de tanto tiempo en el pueblo, cuando vas a la ciudad, da la sensación de que todo es muy artificioso, no sólo por el aspecto físico de la propia ciudad sino porque la gente vive de una forma convencionalmente extraña para mi.»

«La gente se preocupa mucho de sus aspecto físico, de cómo va vestida, de cosas así… Aquí en el pueblo de la sensación como de que eres más libre, que la gente no te va a juzgar tanto porque vayas mal vestido. En la ciudad hay más superficialidad. La gente se juzga más entre si por cuestiones más superficiales. Aquí en el pueblo la percepción es un poco distinta.»

Un lugar para la calma

Lo que más le motiva para seguir viviendo en el pueblo es un entorno de ensueño…

«Tu aquí decides un sábado por la tarde dar un paseo y en un minuto estás en un robledal fabuloso o has subido una montaña preciosa con unas vistas espectaculares… Incluso te puedes encontrar con algún corzo, o un zorro, algún pájaro bonito, y todo en estado salvaje…»

El refugio del artesano

«Un trabajo como el mío no tiene por qué realizarse en un entorno determinado pero el trabajo artesanal en una zona como esta se encuentra en su elemento. Montarte un taller en una zona urbana es muy costoso y muy complicado. Aquí puedes acceder a una vivienda grande y montar un taller. En una ciudad eso es mucho más difícil de hacer. Todo acompaña…»

Sueños de piedra y madera

«Siempre me ha llamado la atención que en las iglesias románicas del entorno hay muchas esculturas de instrumentistas. Hay muchos músicos representados. La música ha tenido importancia en esta montaña desde la Edad Media. Hay gente que me pide la reproducción de una imagen por ejemplo del Románico. Quiere un instrumento que aparece en una iglesia determinada. Otras veces combinas elementos.»

«Mi sueño es hacer una reconstrucción de los instrumentos del Románico Palentino. Sería una cosa muy valiosa, una fuente de conocimiento muy importante.»

El inicio del camino

«Desde que estaba en el colegio entré en este mundillo y hasta ahora. Al principio hicimos unos monstruos, aquello no eran instrumentos. Era un frikismo total porque además éramos como raros. Éramos peculiares.

Somos autodidactas. Nadie nos enseñó. Tenía como catorce o quince  años. La primera zanfona que intenté hacer cuando era un chaval la desarmé y la quemé porque era una mierda. Era un horror y eso que mi padre me ayudaba. Era muy buen mecánico y soldador. Yo le dibujaba una pieza de madera y él de un taco de madera de un palé me la hacía a la perfección. Cuando las traía a casa era como que venían los Reyes Magos. Las mejores piezas que tuve entonces eran las que me hacía mi padre»

Compartiendo el conocimiento

«Ahora sigo como músico. Estamos en un duo. Catarina y yo tenemos Piripiri folk. Hacemos música Ibérica -española y portuguesa-. Y doy alguna clase a los chavales. He llevado el coro de San Cebrián de Mudá… Ahora tengo gente que viene aquí a casa que quiere aprender el rabel, la zanfona. Es una cosa muy divertida. La persona que te encarga construir el instrumento es la que aprende a tocarlo.»

Desde Montaña Palentina

«Nuestro trabajo actualmente llega a cualquier cualquier parte gracias a Internet y las redes sociales. Como hay muchos grupos específicos de interesados en este tema, accedes a ellos, promocionas tu trabajo y te hacen encargos desde cualquier sitio.

Con las nuevas tecnologías está fácil hacerlo desde aquí. La gente puede ver tu trabajo y cómo suenan los instrumentos y demás. También hay ferias y encuentros específicos de luthieres donde nos damos a conocer personalmente. Esos eventos sirven para encontrarte con gente de tu mismo oficio, intercambiar ideas… Son historias chulas.»

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Chuchi

CHUCHI

El aventurero del Gran Norte

Una vida de aventuras

«Marché a Estados Unidos, a Pensilvania –tenía yo 28 años-. Pensaba volver, pero me fui a Canadá y estuve trabajando en diferentes sitios. Estuve así un año y luego me hice canadiense. Después trabajé en el petróleo y más tarde, seis años en el Ártico, en reservas indias en los Territorios del Norte. Luego en la Isla de Baffin, y la parte este desde Terranova. Allí estuve haciendo construcción… polideportivos, escuelas y demás equipamientos para los Inuits, para comunidades muy pequeñas que encargaba el gobierno.»

Al otro lado del planeta

«Luego fui para los territorios del Noroeste. Un sitio que me gustó mucho fue Fort Franklin, la única reserva india que está al lado del lago del Gran Oso, que es gigantesco.
Hay que usar avionetas, hidroaviones para llegar a cualquier lugar. Además las personas que acceden están completamente controladas.
Hay científicos, geólogos, etc.. que van por cuestiones muy concretas.»

Un lugar en el mundo

«Después volví. Yo he llegado a tener pesadillas con que no podía volver a la Montaña Palentina. No pensé en el dinero en todo este recorrido. Quise conocer cosas y eso era lo que buscaba. Pero los recuerdos de Vallejo, toda la infancia, son muy fuertes. Era un lugar increíble. Los Maristas nos daban clase en el verano en el Pinar. El entorno era preciososo. No me he arrepentido nunca de volver a la Montaña Palentina a pesar de haber podido parar en cualquier otra parte del mundo.»

Muy buenas razones

«Después de unos cuantos años fuera vine a Brañosera. La razón: Añoranza. En Montaña Palentina se mantienen muchos lugares vírgenes y deberíamos de aprender del Canada muchas cosas para mantenerlos así… que se puedan visitar pero sin deteriorarlos, controlando, cuidando…»

 

«Hay sitios increíbles. Se pueden hacer recorridos siguiendo las piedras de molino que hay abandonadas en el monte. Aquí, en el entorno de Brañosera hay más de cien. Y por otras partes. Estas cosas son un atractivo fuera de serie. El Rubagón hasta el Golobar. Se pueden recorrer tramos de río salvaje absolutamente increíbles. No hay nada igual.»

La belleza accesible

«La belleza, el entorno de Canadá, es espectacular pero es muy duro. Hay que tener un espíritu muy aventurero para estar allí. Muchos de los paisajes que vemos son tal cual de postal pero muy difíciles de estar o llegar. Aquí es diferente. Puedes acceder al entorno, lo puedes disfrutar pateándolo con mucha facilidad. Cualquier persona sin grandes condiciones físicas puede disfrutar de un lugar tranquilo, espectacular equiparable a cualquier otro lugar del mundo.»

Un buen sitio para vivir

«La Montaña Palentina es un buen sitio para vivir. Hasta ahora esto es una maravilla y la gente cada vez lo va apreciando más. Estamos en una zona que gracias a la falta de desarrollo no hay una masificación de gente y lo puedes disfrutar mucho más. No hay restricciones de caminos o esas cosas y eso te permite disfrutar mucho más, aunque cada día se nota que la gente va viniendo un poco más.

Cualquier día de la semana es bueno para disfrutar. Es igual en cualquier estación, porque en invierno la nieve es una maravilla, en el otoño todos los frutos que hay salvajes (andrinas, ayucos, avellanas…). En la primavera una explosión de flora fuera de serie. Cualquier día del año es bueno para gozar en este lugar.»

Un alma errante con las raices en la montaña

«Me llaman el esquimal, algunos el indio. Mi mujer era de la reserva de los Chipewyan en Cold Lake. Quizá por eso me llaman el indio. Me importaría más que dijesen que estoy haciendo el indio… Yo me fui al Canadá pero ya hacía el indio antes. Culturalmente no tenemos nada que ver.

Lo que me da un poquito de envidia es que allí la gente aprecia realmente el sitio donde está. He estado en Costa Rica y lo mismo. La persona que va a la montaña es montañero, disfruta el bosque. Aquí los turistas no tienen dentro esa sensibilidad del cuidado, de por qué ese árbol… Nos falta mucho para llegar a ese nivel de compromiso y cuidado. La gente no cuida el entorno como allí lo hacen.»

Alma de artista

«Me hubiera gustado dedicarme a tiempo completo a ser artista. Sin embargo he sido hombre de muchos oficios. Dicen que para ser artista hay que pasa hambre, cosa que no me gusta demasiado. Pero me encanta, disfruto con eso. Una vez en la aduana en Alemania la persona que hacía el control me dijó -“you are crazy” porque traía una piedra del Ártico para tallar en la bolsa de viaje. Es con lo que los esquimales tallan las figuras que hacen ellos. «

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