VIOLETA

Naturaleza, literatura, lobos y cortometrajes

Una visión global del mundo

La globalización es la nueva realidad. ¿Es posible tener una mente global desde la vivencia de un territorio y sus valores?

Lo es, en la medida en que se posee una mirada múltiple sobre las cosas. Arte, naturaleza y tecnología interactúan en un mundo que no es de ciencias ni de letras. 

El futuro vuelve a ser un lugar habitable.

Montañesa hasta la médula

Violeta es montañesa de pura cepa, de toda la vida. Nacida aquí. Ha vivido siempre en Rebanal.

Los padres de Violeta han apostado por vivir en un sitio pequeño en el que no hay casi gente. Es inquieta, activa y sociable. Le encanta escribir, hace kárate y escalada. Es la imagen viva de la fuerza de la juventud.

Disfrutar de los amigos

«En invierno muchas veces nos quedamos sin clase por la nieve, que no está tan mal -entre risas- . También vienen amigas. Nos quedamos a dormir en la casa del pueblo, hacemos fiesta de pijamas. Nos lo pasamos bien. Nos juntamos mucho entre los chicos y chicas de los pueblos de alrededor. Vamos con las bicicletas de uno a otro, o nos llevan en coche…»

La vocación

«Al colegio he ido a Cervera. El bachillerato en Aguilar. Allí todos los días veo a alguien que no conozco. No he escogido biología, soy de humanidades. Aunque mi madre es bióloga lo mío son las letras…»

«Quiero estudiar Filología hispánica. Lo que me encanta es escribir. Muchas veces me voy al monte a escribir. Aunque la mayor parte del tiempo escribo en clase… puedo escuchar por ejemplo al profesor de historia, imagino algo y escribo mientras le escucho…»

«Una amiga mía y yo, el año pasado, quedamos terceras en un concurso de cortometrajes a nivel nacional. Utilizamos la técnica de Stop motion. Formó parte de una campaña contra el consumo de tabaco. Este mismo año conseguí un accesit en un concurso también a nivel nacional… era un relato sobre el juego que hay entre lo que de verdad pasa y lo que uno se imagina, como si fuese un cuento….»

El gusto por la montaña

«A mi me gusta vivir en el pueblo. Las ciudades me gustan para unos pocos días. Hay mucha gente y es alucinante pero me gustan más los pueblos. En verano voy a Dublín aunque no es una ciudad tan grande. Los fines de semana me voy con mi amiga de Lores a dar vueltas por el monte. Nos encantan los bosques, los árboles. Solemos hacer fotos. Nos encanta…»

Lo alucinante de vivir en un entorno salvaje

«También vemos animales…, ciervos…

Alguna vez hemos visto un oso, incluso un lobo. Según vi al oso corriendo en los prados pensé –¡qué perro más raro!, luego vimos que era un oso. Al lobo lo vimos en la cola del pantano, antes de Venta Morena, en el río, junto a los sauces.

«Ver un oso o un lobo es alucinante. Te impacta. Aunque es un momentín es absolutamente alucinante.»

Echar de menos la montaña

«Cuando estoy en una ciudad, por ejemplo en Dublín, echo de menos el poder salir de casa a dar un paseo a mi aire sin estar en mitad de la ciudad y a mis amigos. Y eso que allí los colegios tienen los patios de hierba y hay parques y árboles por todos los lados.

Cuando digo -¡vamos al prao!- mis amigos urbanos se ríen porque no saben qué quiere decir.»

El lujo de lo excepcional

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«A día de hoy me encantaría vivir en un pueblo. Me gustan las montañas. Lo que más me gusta de aquí es la fauna. Hay oso y lobo. En otras montañas no hay algo así. Uno de mis favoritos es el halcón peregrino. Me encantan los animales. Todas las mañanas, cuando salimos con el coche, vemos una manada de ciervos de hasta 20 ejemplares. ¡Pero todas las mañanas!. Eso no lo encuentras en otras montañas y menos en la ciudad.»

 

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