Historias de adaptación, austeridad y conservación

Historias de adaptación, austeridad y conservación

La naturaleza, que tan propicia se ha mostrado con Montaña Palentina, ha determinado también la actividad de los seres humanos desde los tiempos más remotos.

Para ocupar este espacio, tuvimos que desarrollar unas prácticas que nos permitieron adaptarnos al medio, vivir en él y aprovechar los recursos a nuestro alcance. Al fin, como debía ser, la montaña ha dejado su huella en el hombre y el hombre ha dejado su huella en la montaña.

Aprendimos a adaptarnos a un medio generoso y hostil a partes iguales utilizando los materiales que proporcionaba la propia naturaleza.

Y todo lo hicimos comprendiendo la generosidad de la tierra que poblamos, administrando la riqueza de los montes, celebrando la fertilidad de los valles, respetando los secretos últimos de la montaña y aprendiendo a descansar en ella.

Hoy, al recorrer este paisaje montañés podemos contemplar el resultado de ese abrazo ancestral de las personas con su territorio.

Un legado de construcciones, oficios, usos y costumbres que en ocasiones toman la forma de fabulosos templos de la fe, inagotables en sus matices y detalles, y que otras veces son tímidas decoraciones que el hombre ha situado en el inmenso horizonte de la cordillera, quizás un diminuto chozo de pastores o una simple vereda, tantas veces recorrida.

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Somos hijos de las montañas

Somos hijos de las montañas

Los montañeses somos los descendientes directos de aquellos pioneros que, utilizando los materiales a mano, construyeron la mayor concentración de iglesias románicas de Europa.

Desde la dureza de una vida en un entorno difícil elevaron la piedra a la categoría de arte y ese arte lo convirtieron en espiritualidad. Con esa espiritualidad y ese empuje se convirtieron en el alma del territorio y se dieron las primeras leyes conocidas en el país para crear sus pueblos.

Levantaron grandes conventos y castillos, vieron pasar reyes y resistieron como guerrilleros cuando la historia lo requirió.

Horadaron la tierra para alimentar el progreso de otras tierras.

Abandonaron las suyas para que el agua regase otros campos e imaginaron proyectos para conquistar el futuro desde el esfuerzo y la generosidad.

Ese espíritu es el alma de Montaña Palentina. No has conocido gente más acogedora ni de mejor pasta. Tienes que conocernos.

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El norte

El norte

El fantasma silencioso

Todo territorio tiene sus fantasmas. En Montaña Palentina lo llamamos el Norte.

Cuando llega notas un escalofrío que te recorre. La temperatura baja de manera repentina.

No cabe duda. El viento norte está haciendo de las suyas jugando a saltar montañas desde el mar y más allá.

Es el momento de encender la chimenea, de contar historias y repasar las leyendas de la montaña para inquietar a los más pequeños y a los más impresionables. El Norte acaba de regalarnos otro momento delicioso. No lo cuentes, es un secreto…

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El tesoro del agua

El tesoro del agua

Por las venas de Montaña Palentina

El agua es la vida. Sin ella casi nada es posible. La cultura de un territorio se fundamenta en la búsqueda de todo tipo de recursos. Pero el agua es la sabia que nos alimenta. Es el recurso esencial.

Montaña Palentina tiene una particularidad que nos hace únicos. El nombre del pico Tres Mares muestra esa singularidad.

El agua que fluye desde esa formación acaba en el Cantábrico, en el Atlántico y en el Mediterráneo. Este hecho habla de nuestra singular posición en el mapa de la península ibérica desde el punto de vista geográfico y climático. Y nos da imágenes de una belleza incomparable.

El agua construye el paisaje y hace posible el carácter propio de Montaña Palentina.

Valles y lagunas glaciares, cascadas, fuentes y manantiales, nacimientos y cursos fluviales …

Sus condiciones les convierten en lugar para observadores de la fauna acuática en altitud.

Hasta los embalses que se han ido naturalizando con el paso del tiempo forman parte de un espectáculo que no puedes perderte. Un ejemplo de cómo los seres humanos pueden destruir y de cómo la naturaleza aprovecha cada resquicio para seguir construyendo. Un pulso complejo y un reto diario para todos nosotros.

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Los poros de La Tierra

Los poros de La Tierra

El Geoparque Las Loras

Una parte significativa del Geoparque Mundial de la Unesco Las Loras se encuentra dentro de Montaña Palentina. La geología nos ha determinado como territorio. La mirada al paisaje de la superficie es una fuente enorme de conocimientos y de placer.

Una mirada al interior nos abre un mundo fascinante, lleno de formaciones casi oníricas, de simas y oquedades,
de agua y de sombras.

La Cueva de los Franceses es considerara el corazón bajo la Montaña Palentina. Su nombre nos remite a trágicas batallas durante la Guerra de la Independencia. Es un espacio adaptado para la visita que no puedes perderte.

La Cueva del Cobre (tradicional nacimiento del río Pisuerga) es una visita casi obligada dentro del territorio.

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El Consejo de Ancianos

El Consejo de Ancianos de la Montaña Palentina

Árboles singulares

Toda tribu tiene sus tótems. Nosotros hemos dotado de esa condición a los personajes más singulares y venerados que pueblan nuestros bosques. Nuestros árboles singulares.

Hay que ser muy sensible para escuchar el mensaje que transmiten. Son sabiduría en estado puro, primigenio, ancestral.

Nos hablan del paso del tiempo, de las vidas de nuestros antepasados, de las estaciones y sus heridas, de sus momentos difíciles, de la historia de los bosques y de aquellos que los recorrieron y vivieron en ellos.

Unas historias que han alimentado la imaginación y los cuentos con los que pasar las largas veladas de invierno durante generaciones.

Son el Consejo de Ancianos de la Montaña Palentina. Siempre están ahí para transmitir esa paz que sólo se encuentra bajo su protección.

Orgullosos de nuestros picos de leyenda

Orgullosos de nuestros picos de leyenda

El Clan de las Montañas

La idea de diversidad suele estar asociada a la biología. En Montaña Palentina esa diversidad hace referencia también al conjunto de picos que modulan el perfil de nuestro territorio. Definen nuestro horizonte y nuestra identidad.

Son un auténtico clan.

Tenemos montañas jóvenes y otras que están en una serena madurez.

Unas son amables y otras duras y difíciles… rojas, verdes, negras…

¿Has oído hablar alguna vez de montañas que están boca abajo?

¿Sabes algo del tipo de monstruo que llega desde el fondo del mar a una laguna glaciar atravesando el inframundo para secuestrar a una doncella enamorada?

¿Y de otras desde la que se vierten aguas a tres mares distintos?

¿Sabes que, si aprendes a mirar, puedes ver con tus propios ojos al gigante dormido del Valle Estrecho?

Nuestras montañas realmente son alucinantes.

Las respetamos como nos enseñaron nuestros mayores…

… y las queremos con locura.

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El gran engaño de las mariposas

El gran engaño de las mariposas

Cuando la realidad supera a la ficción

En lo profundo del Valle de Miranda se produce un episodio que nos habla de una de las interrelaciones ecológicas más estrictas y singulares de cuantas pueden encontrarse en la montaña cantábrica.

La vida de la mariposa hormiguera oscura, asociada a una planta del valle (la pimpinela mayor) se hace posible gracias una sutil treta química que sirve para engañar a las hormigas.

El hormiguero, en virtud de ese engaño, se hace cargo de las larvas de la mariposa como si fueran propias hasta convertirse en crisálidas. Un caso de parasitaje complejo y alucinante.

La vida se abre camino de una forma soprendente. Una historia de atrevimiento y engaño que nos habla de procesos de la naturaleza como si de una novela se tratase. Todo esto ocurre en el Valle de Miranda, que se conoce también como el Valle Olvidado. Es un lugar lleno de misterios y enigmas por resolver.
¿Te atreves a descubrir otras historias singurales?

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