Siglos creando lazos

Montaña Palentina

Siglos creando lazos

Nuestros oficios tradicionales han sido una de nuestras señas de identidad durante siglos. Oficios que han tenido que ver con la explotación sostenible y sostenida del territorio.

La adaptación a las estaciones y a los elementos, el cuidado a la naturaleza y a las tradiciones como un elemento más de esa naturaleza.

Siempre conectado con el disfrute del tiempo de ocio en comunidad

Nuestros oficios y nuestro modo de vida tradicional han consistido en crear lazos con nuestro entorno sin violentarlo. Y fruto de esa relación ahora puedes disfrutar de la naturaleza en estado salvaje con la que podemos regalarte. El objetivo es seguir creando lazos…

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Comulgar con piedras de molino

Comulgar con piedras de molino

¿Obstinados o determinados? No te intentaremos convencer de ninguna quimera. Somos expertos en tallar piedras de molino.

Y puedes encontrarlas dispersas por gran parte del territorio. A veces te costará reconocerlas. Son objetos fuera de lugar que puedes encontrate cuando caminas por la montaña. Circunferencias de procedencia no natural que tienen una curiosa explicación.

La existencia de conglomerados hizo posible el desarrollo de esta actividad que se desarrolló durante siglos hasta bien entrada la década de los años 70 del siglo XX.

La extracción, tallado y transporte de estas enormes rocas que se usarían como piedras para moler el grano en los molinos, es un reto impresionante tanto por la dificultad del terreno (en ocasiones a más de 2000 metros de altitud) como por las grandes distancias a recorrer.

Esta curiosa dedicación tiene transcendencia más allá del territorio propio y está documentado un intenso comercio de muelas de molino con otros territorios muy distantes de Montaña Palentina desde al menos el siglo XVI.

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De monasterios y castillos

De monasterios y castillos

A partir de las antiquísimas ermitas rupestres se crean comunidades más complejas que acaban convirtiéndose en núcleos poderosos e influyentes llegando a erigir verdaderas joyas de la arquitectura monacal

El poder civil también se perpetúa en sus construcciones. El castillo de Aguilar se convierte en el vigía del paso del norte a la meseta.

Otras construcciones son notables por su belleza y por el paisaje agreste en el que se ubican como el castillo de Gama o Villanueva de la Torre.

Las familias nobles dejan su impronta en los blasones de sus casas y palacios. Todavía hoy podemos contemplar estas firmas en piedra que nos hablan de lo efímeras que son las cosas cuando dejamos actuar al tiempo. Carpe Diem.

Somos Románico

Somos Románico

Cuidamos de este increible legado para que puedas distrutarlo con nosotros

Montaña Palentina tiene la concentración de iglesias románicas más importante de Europa.

Formamos parte de eso que se conoce como País Románico.

La arquitectura románica es una de nuestras señas de identidad y el patrimonio cultural con más relevancia en nuestro territorio.

En la Baja Edad Media comenzaría la construcción de infinitos templos románicos, centros de culto que por igual aparecieron en poblaciones principales y en las más recónditas aldeas.

La integración de los monumentos románicos en la naturaleza es una de las características más notables y valiosas en nuestro territorio.

Cada piedra es una lección por aprender, cada edificio el alma de un pueblo.

En sus representaciones conviven virtud y pecado, temor y humor, lo místico y lo mundano. La vida misma, atemporal y paradójica.

Su mensaje inmemorial, tallado en la roca, ofrece un fascinante mosaico de símbolos, personajes y particularidades de la vida de las gentes en ese momento histórico.

Y una búsqueda constante de la belleza a través de los pequeños detalles…

En nuestros días, el arte románico es ya uno de los emblemas de Montaña Palentina y uno de los motores de nuestro futuro. No te lo puedes perder.

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Historias de adaptación, austeridad y conservación

Historias de adaptación, austeridad y conservación

La naturaleza, que tan propicia se ha mostrado con Montaña Palentina, ha determinado también la actividad de los seres humanos desde los tiempos más remotos.

Para ocupar este espacio, tuvimos que desarrollar unas prácticas que nos permitieron adaptarnos al medio, vivir en él y aprovechar los recursos a nuestro alcance. Al fin, como debía ser, la montaña ha dejado su huella en el hombre y el hombre ha dejado su huella en la montaña.

Aprendimos a adaptarnos a un medio generoso y hostil a partes iguales utilizando los materiales que proporcionaba la propia naturaleza.

Y todo lo hicimos comprendiendo la generosidad de la tierra que poblamos, administrando la riqueza de los montes, celebrando la fertilidad de los valles, respetando los secretos últimos de la montaña y aprendiendo a descansar en ella.

Hoy, al recorrer este paisaje montañés podemos contemplar el resultado de ese abrazo ancestral de las personas con su territorio.

Un legado de construcciones, oficios, usos y costumbres que en ocasiones toman la forma de fabulosos templos de la fe, inagotables en sus matices y detalles, y que otras veces son tímidas decoraciones que el hombre ha situado en el inmenso horizonte de la cordillera, quizás un diminuto chozo de pastores o una simple vereda, tantas veces recorrida.

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Somos hijos de las montañas

Somos hijos de las montañas

Los montañeses somos los descendientes directos de aquellos pioneros que, utilizando los materiales a mano, construyeron la mayor concentración de iglesias románicas de Europa.

Desde la dureza de una vida en un entorno difícil elevaron la piedra a la categoría de arte y ese arte lo convirtieron en espiritualidad. Con esa espiritualidad y ese empuje se convirtieron en el alma del territorio y se dieron las primeras leyes conocidas en el país para crear sus pueblos.

Levantaron grandes conventos y castillos, vieron pasar reyes y resistieron como guerrilleros cuando la historia lo requirió.

Horadaron la tierra para alimentar el progreso de otras tierras.

Abandonaron las suyas para que el agua regase otros campos e imaginaron proyectos para conquistar el futuro desde el esfuerzo y la generosidad.

Ese espíritu es el alma de Montaña Palentina. No has conocido gente más acogedora ni de mejor pasta. Tienes que conocernos.

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